Acostado en la cama, él miraba cómo ella –silenciosa- se vestía. Estaba despeinada, pero rápidamente improvisó un moño. Durante la noche no existió otra cosa que esa noche, pero ya hacía rato que era de día. Nueve y veintitrés. Él se puso el pantalón y se le acercó.
Era el momento de la despedida. Despedida agridulce de no saber hasta cuándo no volverían a encontrar la dulzura de verse. Dulzura que quizás nunca más llegaría…
No siempre hay necesidad de palabras cuando se sabe sacar provecho de los sentidos. La hora había llegado y ella se fue. Él se quedó pensativo.
Al transcurrir el día concluyó que esa finalmente había sido la despedida, porque se dio cuenta que en la mirada de ella se había perdido la ilusión...
Porque cada vez son más tristes las canciones de amor…
(Casi que un plagio. Inspirada por GU)

1 comentario:
que triste que es cuando te das cuenta que nunca mas será lo q fue. Es la toma de conciencia de lo inevitable...
De alguna manera el costo por vivir una noche como si fuese todo lo que existiese
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